
Konecta es una compañía líder en la prestación de servicios y soluciones digitales de customer management. Ha compartido su hoja de ruta climática con un objetivo ambicioso: alcanzar las emisiones netas cero para 2040.
Anabel García Aganzo, Global Head of Climate Change, Risks & Compliance en Konecta, detalla en esta entrevista la estrategia climática de la compañía, los retos de su despliegue internacional y cómo iniciativas como Alcobendas Huella Cero contribuyen a visibilizar y reforzar ese compromiso en el plano local.
Konecta ha hecho público su ambición Net Zero para 2040. ¿Qué hitos destacáis en esta hoja de ruta y cómo se articula dentro de vuestra estrategia global?
Nuestro objetivo Net Zero para 2040 se adelanta en una década al horizonte marcado por marcos internacionales como la Ley Europea del Clima, la CMNUCC y la iniciativa Race to Zero. Esta anticipación no solo refleja nuestra voluntad de cumplir con la normativa, sino de liderar con el ejemplo e ir más allá, reforzando nuestra posición como referente en sostenibilidad dentro del sector de la experiencia del cliente y la externalización.
Este compromiso nace de un análisis riguroso de impactos, riesgos y oportunidades, que nos ha permitido identificar las áreas con mayor exposición e impacto. A partir de ahí, hemos definido una hoja de ruta ambiciosa, con objetivos intermedios que nos permiten evaluar el progreso de forma continua. Para Konecta, el cambio climático no es un reto externo: forma parte del corazón de nuestra estrategia. Así lo refleja el plan aprobado por nuestra Junta Directiva en marzo de 2025, que consolida la sostenibilidad como una prioridad transversal en nuestra visión de crecimiento consciente a largo plazo.
¿Cómo estáis abordando la medición y reducción de emisiones dentro del grupo?
Medir nuestras emisiones ha sido un reto técnico y logístico considerable, dada la diversidad geográfica del grupo, los diferentes factores de emisión y la necesidad de armonizar criterios en más de 25 países. Para ello, hemos creado una comunidad interna especializada, que trabaja de forma entusiasta, coordinada y rigurosa para garantizar una medición homogénea y continua.
Gracias a esta red, hoy podemos decir que tenemos una visión global de nuestra huella y, sobre esa base, estamos implantando acciones concretas para reducirla. La colaboración de todos los equipos ha sido esencial, desde operaciones hasta tecnología, pasando por recursos humanos y compras.
¿Qué retos técnicos o estratégicos os habéis encontrado?
Uno de los principales desafíos ha sido transformar la percepción de la sostenibilidad como una generación de costes hacia una función estratégica que aporta valor al cliente y reputación de marca.
También nos enfrentamos a barreras culturales, como los hábitos de movilidad al trabajo, o a otras barreras como la falta de marcos regulatorios uniformes que generen criterios comunes entre países.
Y, por supuesto, la actual polarización geopolítica, que puede generar resistencia o desinformación sobre la necesidad urgente de actuar frente al cambio climático.
A pesar de todo ello, avanzamos con determinación.

Este nuevo plan se suma a un recorrido que ya fue reconocido con uno de los galardones de la primera edición de los Premios Alcobendas Huella Cero. ¿Cómo encajáis esta evolución dentro del compromiso que habéis asumido como firmantes del pacto?
Medir nuestra huella de carbono global desde 2017 sentó las bases de todo lo que vino después. Este compromiso temprano nos ha permitido trazar una trayectoria sólida y creíble, con objetivos de reducción validados a corto plazo y una estrategia de descarbonización cada vez más madura.
Reconocimientos como el Premio Alcobendas Huella Cero nos animan a seguir profundizando en esa dirección. Medir, evaluar y actuar forman parte de nuestro ADN, y todo ese esfuerzo se alinea con nuestra adhesión al Pacto Mundial de Naciones Unidas y su marco de principios. Somos firmantes desde 2004 y mantenemos una participación activa, convencidos de que las empresas deben liderar el cambio.
Alcanzar el objetivo Net Zero implica no solo actuar internamente, sino también involucrar a la cadena de valor. ¿Cómo estáis abordando este reto y qué papel juegan los proveedores y aliados estratégicos en vuestra hoja de ruta?
Nuestra estrategia de sostenibilidad tiene una visión integral, que abarca toda la cadena de valor:
- Inmuebles y energía: implantación de criterios de eficiencia energética y aumento del consumo de fuentes renovables en las oficinas. Aquí juegan un papel importante los propietarios de dichas oficinas. Al ser los titulares de los edificios y responsables de su gestión estructural, son ellos quienes pueden impulsar —y ejecutar— las inversiones necesarias para mejorar el rendimiento energético. Nuestra relación con ellos, basada en la colaboración y el compromiso compartido, es esencial para avanzar hacia nuestros objetivos de descarbonización, especialmente en espacios donde operamos bajo régimen de alquiler.
- IT y centros de datos: adopción de infraestructuras tecnológicas sostenibles y optimización digital. Siempre intentando contar con proveedores que cuenten con la misma visión climática y que nos ayuden en nuestro reto de reducción de emisiones.
- Movilidad y empleados: apostamos por programas de desplazamiento sostenible. Un gran aliado aquí pueden ser las Administraciones Públicas y el papel que juegan en el fomento de medios de transporte más sostenibles y que generan menores emisiones.
- Cadena de suministro: evaluamos a nuestros proveedores con criterios ESG. Además, apostar por un compromiso Net Zero supone el establecimiento de objetivos conjuntos de reducción de emisiones.
Invitamos a clientes, aliados, empleados y proveedores a formar parte de una transformación responsable, donde la sostenibilidad no se enfrenta al rendimiento empresarial, sino que lo potencia.
¿Qué mensaje enviaríais a otras empresas que aún están definiendo su hoja de ruta climática o su compromiso Net Zero?
Nadie puede quedarse al margen. Todos los actores, independientemente del tamaño o sector, tenemos la responsabilidad de reducir nuestro impacto ambiental. El camino hacia el Net Zero es exigente, pero sus beneficios son incuestionables:
- Liderazgo y Reputación Corporativa: Asumir compromisos climáticos ambiciosos posiciona a las organizaciones como referentes en sostenibilidad, fortaleciendo su reputación ante empleados, clientes, inversores y la sociedad en general. Este liderazgo no solo construye marca, sino que genera confianza y legitimidad en un entorno cada vez más exigente.
- Ventaja Competitiva y Atracción de Clientes: La alineación con los objetivos de descarbonización atrae a clientes y socios que buscan proveedores sostenibles para apoyar su propia estrategia de descarbonización.
- Reducción de Costes Operativos.
- La implantación de eficiencia energética y energía renovable reduce los costes de electricidad.
- La optimización digital y el trabajo remoto reducen los gastos de infraestructura y transporte.
- Cumplimiento Normativo y Acceso a Financiación: Las exigencias regulatorias en materia climática están creciendo en todos los mercados. Contar con una hoja de ruta Net Zero permite anticiparse a estas normativas y evitar sanciones o restricciones. Además, el compromiso ambiental se ha convertido en un criterio clave para acceder a financiación pública y privada, ya que cada vez más inversores exigen indicadores ESG sólidos.
- Mitigación de Riesgos Climáticos y Costes Futuros: Actuar hoy reduce la exposición a impactos derivados del cambio climático, como interrupciones en la cadena de suministro, fenómenos meteorológicos extremos o aumentos en los precios de la energía y materias primas. Asimismo, permite adaptar el modelo de negocio a un contexto cada vez más regulado, competitivo y orientado a la sostenibilidad.
Nuestro mensaje es claro: empezar es tan importante como llegar. No hay una única fórmula, pero sí un objetivo común. Enfrentar este reto juntos es la única vía para asegurar un futuro más justo, sostenible y resiliente.












